Fuego inextinguible que se apaga solo
El periódico enseña que el fuego del juicio final quema a los impíos hasta consumirlo todo y luego se apaga. Pero Jesús dijo que el fuego no se apaga y el tormento dura para siempre.
Por Rodrigo Custódio ·
El momento
El jueves 24 de febrero de 1881 —en la misma edición del artículo sobre los "adventistas antiguos"—, el Signs of the Times traía en la página 90 del vol. 7, n.º 8, el artículo "La naturaleza de un fuego inextinguible", firmado por "J. N. A." —el anciano J. N. Andrews, uno de los nombres más respetados del adventismo. El tema era el destino final de los impíos, y la tesis era el aniquilacionismo puro.
Andrews argumentaba a partir de la física del fuego: si el fuego nunca dejara de arder, haría falta "una creación eterna" para alimentarlo, pues el fuego devora continuamente y, por grande que sea la pila de combustible, a menos que sea "absolutamente ilimitada e infinita", algún día se agota. Por lo tanto, concluía, el fuego del juicio quemaría hasta consumirlo todo y luego se apagaría por falta de combustible: "cesaría de arder por falta de combustible".
La "prueba" bíblica era Jeremías 17:27: Dios había amenazado con encender "fuego en las puertas" de Jerusalén que "no se apagaría"; sin embargo, la ciudad ardió bajo Nabucodonosor y el fuego cesó, como registra el último capítulo de Jeremías. Para Andrews, "inextinguible" significaría solo "que nadie puede apagarlo antes de que termine la obra", no "que nunca se apaga": el ejemplo histórico decidiría el sentido de la palabra.
Y la sentencia final: "De hecho, esta es precisamente la obra de un fuego inextinguible. Es quemar hasta haber consumido totalmente todo el combustible". El infierno, en la teología del periódico, sería una hoguera que se apaga sola: sin tormento eterno, sin castigo sin fin.

Hoguera apagándose de noche en una llanura, con una carreta al lado: foto de época.
El absurdo
El periódico enseñaba que el fuego del juicio final quema a los impíos hasta consumirlo todo y luego se apaga por falta de combustible. "Inextinguible", en la redefinición de Andrews, significaría solo que nadie lo apaga antes de tiempo, no que dure para siempre. No habría tormento eterno. Lea las palabras exactas del impreso:
"De hecho, esta es precisamente la obra de un fuego inextinguible. Es quemar hasta haber consumido totalmente todo el combustible".
Fuente: Signs of the Times, vol. 7, n.º 8, 24 de febrero de 1881, p. 90.

Recorte subrayado de la página impresa con el pasaje citado, edición del 24 de febrero de 1881, p. 90.
Por qué esto es grave
El primer problema es que Jesús dijo exactamente lo contrario. Hablando del infierno, repitió tres veces, como estribillo solemne: "donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga" (Mr 9:43-48). "Nunca se apaga" no significa "se apaga después de consumir el combustible", sino que jamás se apaga. La redefinición de Andrews hace que Cristo diga lo contrario de lo que dijo, tres veces en el mismo sermón.
El segundo problema es el ejemplo de Jeremías mal aplicado. El fuego "inextinguible" de Jeremías 17:27 era un juicio temporal sobre una ciudad terrenal: Jerusalén ardió, el juicio se cumplió, la historia siguió. El lago de fuego del Apocalipsis es el juicio final y eterno, donde los condenados "serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos" (Ap 20:10). Usar un juicio temporal para anular el juicio eterno es confundir las categorías, como usar una multa de tránsito para negar la cadena perpetua.
El tercer problema es el argumento de la "creación eterna". Andrews decía: si el fuego nunca cesa, Dios tendría que crear combustible eternamente, pues "el fuego devora continuamente" y ninguna pila de combustible, "por grande que sea", dura para siempre. Pero la Escritura no presenta el tormento eterno como combustión de materia, sino como estado de seres conscientes bajo el juicio de Dios. El rico de Lucas 16 estaba en tormento sin que se mencionara ningún "combustible". La física del artículo es irrelevante para la metafísica del juicio.
Y está la simetría destruida: "irán estos al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna" (Mt 25:46). El mismo adjetivo, el mismo versículo, los dos destinos. Si el "eterno" del castigo significa solo "hasta consumir el combustible", el "eterna" de la vida significa lo mismo, y la vida eterna de los salvados se convierte en una hoguera que también se apaga. El aniquilacionismo, tomado en serio, quema la esperanza de los justos junto con los impíos.

Restos de una fogata apagada bajo un cielo nocturno azulado, con una cabaña al fondo: foto de época.
El veredicto de las Escrituras
Marcos 9:48 es directo y se repite tres veces para no dejar duda: "el fuego nunca se apaga". No hay nota al pie sobre combustible, ni cláusula de extinción por falta de materia. La palabra de Cristo es absoluta, y fue dicha precisamente para corregir la idea de que el juicio tendría fin.
El Apocalipsis describe el destino final con un lenguaje que excluye la aniquilación: "la humareda de su tormento sube por los siglos de los siglos, y no tienen reposo ni de día ni de noche" (Ap 14:11). Humo que sube continuamente, tormento sin reposo: eso no es ceniza fría de un fuego apagado, es sufrimiento consciente y perpetuo. Y "serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos" (Ap 20:10) no admite la lectura de Andrews.
En cuanto a Jeremías 17:27, el propio contexto confirma el juicio temporal: era una amenaza condicional contra una ciudad ("si no me oyereis... encenderé fuego"), cumplida en la historia cuando Nabucodonosor incendió Jerusalén. Nada en el texto habla del destino eterno de las almas. El artículo toma un juicio histórico y lo convierte en clave hermenéutica del juicio final: una extrapolación que el texto no autoriza.
Por último, la lógica del "combustible" delata su origen: es filosofía natural del siglo XIX disfrazada de exégesis, razonando sobre el juicio eterno como quien calcula la leña de un horno. La Biblia no explica el infierno por la física de la combustión, sino por el juicio santo de Dios sobre el pecado, "donde el castigo es eterno porque el Dios ofendido es eterno". Cuando la teología necesita que el fuego "se apague solo" para caber en la doctrina, es la doctrina la que está equivocada, no el fuego que Cristo dijo que nunca se apaga.